Tratemos a las personas como a las impresoras

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Si me pregunta ¿Cual es el aparato electrónico que más he apreciado? la discusión interna es enorme para poder ponerlos en algún orden. Hubo una época en la que tuve una PDA de HP que corría una versión de Windows, le tuve mucho cariño, hasta aprendí a programar para hacerme mis propias aplicaciones, jamás un hola mundo se había visto tan bello. La usaba con un GPS bluethooth para guiarme en las calles de la Santiago, tenían que ser viajes de menos de 20 minutos, la batería se agotaba rápidamente.

La lista incluye la lavadora, microondas, teléfonos, cámara de fotos y mi queridísima aspiradora. Oh aspiradora, algún día te dedicaré un post.

Ahora bien, ¿Cual es el aparato electrónico que menos he apreciado? la respuesta es fácil, esa deleznable impresora. En especial la que tenía en la casa de mis papás cuando estaba en la universidad. Esas máquinas huelen el miedo y el apuro, son caprichosas, usan la gama de colores que quieren y cuando quieren… la encarnación de algún demonio.

Sabía que si quería imprimir las guías para las pruebas tenía que hacerlo a tiempo, preparar el archivo para el formato y que no tuviera errores de ningún tipo. La impresora tenía una sola forma de entre ser las cosas que le mandaba a imprimir, si no lo hacía como quería, estaba perdidos. Además, por muy apurado que estuviera tenía que darle tiempo suficiente para trabajar a su propio ritmo, todos aprendí,la a la mala qué pasa si metes hojas a presión en donde pones las hojas, Ah, jamás olvidar soplar la resma… ni mucho … ni poco, no vaya a ser que se traume la impresora.

¿Por qué tratamos mejor a la impresora que a las personas?

Cuando estaba dictando un taller en una empresa surgió este mismo tema de las impresoras durante un break. En el taller discutíamos los cambios culturales que conllevaba el poder aplicar nuevos métodos de gestión, en particular métodos ágiles. Mucho de lo que hacía cuando esa bendita impresora funcionaba bien aplica para trabajar con otras personas. Vamos punto a punto.

  • A las impresoras si les pegas no hacen su trabajo, las personas probablemente también.
  • Una persona a su ritmo trabaja con menos errores y se desempeña mejor. No le metemos el trabajo a presión a la impresora, se traba, la persona también (bloqueo por stress).
  • Una persona que recibe su tarea y está viene con la calidad esperada, en el lugar esperado y con la forma esperada va a desempeñarse mucho mejor.
  • Una persona que recibe su trabajo y cuenta con el tiempo adecuado para hacerlo se desempeña mejor y tiene entregas de mejor calidad. Esto se explica solo.

Suena a un consejo extraño el recomendar tratar a las personas como a las impresoras, lo sé, más extraño es meter trabajo a presión a las personas a sabiendas que no saldrá a tiempo ni cómo se espera sólo porque el trabajo se tiene que hacer si o sí. Entre nos, y que no sepa nadie más, ese “si o si” es mentiroso.

Finalemente, gestionar el flujo de trabajo de la organización para lograr que estas premisas se cumplan se está volviendo cada vez más crítico para empresas de distintos tamaños que tienen las capacidades (cantidad de esfuerzo que pueden invertir en trabajo) de sus unidades productivas tirada en el piso.

Mucha de la capacidad de la organización se consume en preparar mi tarea para poder hacerla, ir a conseguir los materiales, decidiendo qué hago primero y que segundo, lidiando con las cosas a medio hacer. Las impresoras no toleran eso, a veces podría funcionar tener la actitud de una impresora para ayudar a que se estabilice el flujo y las tareas.

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