Solucionando el problema equivocado

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Estar frente a un problema nos genera adrenalina, echa a correr la imaginación y las posibilidades de solución empiezan a aparecer a una velocidad tan alta que muchas veces somos incapaces de retenerlas a todas. Al mismo tiempo comenzamos a descartar ideas por inviabilidad, falta de capacidades, de dinero y por ello otras las reemplazan. Nos sentimos atraídos como las polillas a las ampolletas, son momentos mágicos de satisfacción personal y profesional.

Cuando empezamos a ejecutar algunas de estas ideas es entretenido, nos divierte y nos satisface; nada como solucionar bien un problema para tener un buen día… Ahhh, qué maravillosa sensación.

Este caso lo escuché en la casa un conocido. (guardaré el anonimato para proteger mi integridad física)

– ¡Listo! ¡terminé!, Saqué la cañería, la limpié y el agua corre como antes.
– ¿Qué destapaste? – Le preguntaron con extrañeza.
– El lavamanos, ¿por?
– La ducha era la tapada…

Hizo la mejor limpieza de cañería de su vida en una cañería que no lo necesitaba, solucionó muy bien un problema que no lo era.

En las organizaciones la necesidad de solucionar problemas es algo que permeó y está establecido, los profesionales que lo hacen en el día a día son destacados y valorados, pero pero pero ¿cómo se elige el problema?

¿Qué es un problema equivocado?

En la RAE podemos encontrar esta definición “conjunto de hechos o circunstancias que dificultan la consecución de algún fin”. Me parece que es la más adecuada para este caso. Siguiendo esto, creo que lo más importante sería identificar si el problema es el correcto o el equivocado a resolver, por sobre si el problema es realmente un problema.

Bajo esa lógica, el foco debería ser identificar qué tan correcto sería el problema o dicho de otro modo, qué tan útil resultará resolverlo. Acá propongo que un problema podría ser más útil que otro dependiendo de la cantidad de situaciones que mejora, pero cantidad no es calidad, por ende, modo un mejor problema para ser solucionado es aquél que es causa raíz de otros problemas.

Dependiendo de la técnica de identificación de causa raíz favorita podríamos tener una o más causas raíces que atender.

¿Por cuál partir?

Recomiendo dividir las causas raíces en dos grupos, separándolas en las siguientes categorías: aquellas en las que tengo influencia o capacidad para aplicar alguna solución y aquellas en las que no. Luego, de la mitad de las que no tengo influencia, marcamos aquellas donde podrías tener o hacer un aliado.

Figura 1 :Matriz de distribución de problemas

En la figura 1 se utilizó una matriz que ayudaría a distribuir las causas identificadas de acuerdo a cuánta influencia y cuanta capacidad para resolverla tenemos. Más a la izquierda es menos influencia y más abajo es menos capacidad. Esta matriz también se puede usar para distribuir mejoras, no sólo los problemas.

La cuarta área, contando de adentro hacia afuera sería donde se encontrarán los problemas más fáciles de resolver.

En el eje central estarán los problemas con un buen balance entre capacidad e influencia, y por ello es por ahí donde deberíamos partir.

¿Es esta la causa raíz de todos los problemas? Probablemente (de seguro) no. Acá contamos con que si empezamos a resolver problemas podemos ir ganando capital político e ir aumentando nuestro espacio de influencia.

Es importante mantener actualizado el cuadro, pues uno va desarrollando capacidades y ganando aliados y detractores constantemente.

Un último consejo: si tengo dudas por qué problema partir porque coincide en influencia y en capacidad, la prioridad estará en aquella a la que le ponga más ganas. Las ganas son un excelente combustible.

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