Los planes, también son una mala meta.

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TL;TR: Deja los planes, planifica, enfrenta la realidad, deja que las personas piensen.

Ningún plan resiste el contacto con el enemigo”. En el mundo del liderazgo de organizaciones esta frase ha sonado y resonado en el último tiempo, algo así como los últimos 100 años. Sabemos ya que es cliché, pero aun así seguimos utilizando y apelando a planificaciones a priori para comenzar con un proyecto o iniciativa.

14 de Octubre de 1806. Prusia era una potencia militar mundial y a pesar de contar con más hombres que el ejército de Napoleón, perdieron, literalmente éste les pasó por encima.

En los contextos de negocio esto sigue pasando y probablemente será así por un buen tiempo más. Startups que se apoderan de mercados dominados por gigantes de la industria, se conocen como unicornios, un ejemplo claro es Netflix. A principios del 2000 la compañía luchaba por sobrevivir y luego devoró el mercado. Si todos conocen estos casos, ¿por qué siguen ocurriendo? Hipótesis: las grandes empresas solucionan todo comprando a la competencia.

Volvamos a Napoleón. Si Prusia hubiera sido una empresa enorme probablemente le hubiera ofrecido adquirir Francia y ser parte de la red global Prusia. Nadie quiere pasar a la historia como el gerente que rechazó comprar al próximo gran unicornio. En este caso, Napoleón al igual que Netflix, buscaban metas para las cuales el dinero no sería suficiente.

Un poco de historia, la herencia de Taylor

En una cadena de producción, donde un producto se genera infinidad de veces, es el lugar indicado para aplicar los conocimientos provistos por la teoría tayloriana, que busca bajar la variabilidad y aumentar la eficiencia de las personas como parte de una maquinaria complicada. Hoy en día existen infinidad de robots que reemplazan a las personas por lo mismo. Esto no es problema, las personas tienen que hacer lo que las personas hacen, pensar. Los problemas surgen cuando creemos que un proceso cumple las condiciones para aplicar Taylor.

Si veo una empresa de software con procesos establecidos resulta casi evidente que se puede mejorar la eficiencia de este eliminando tiempos muertos, manteniendo a los profesionales ocupados y midiendo su producción. Esto es lo que hacen muchas empresas cuya “gestión de los recursos” no depende de quién ejecuta, sino de seguir un plan. Digo recursos entre comillas porque ese mismo concepto induce a que el trabajo de alguien es fácilmente reemplazable por el trabajo de otra persona. Hacer Gemba (acá una explicación) no es sólo para desarrollar productos, sino también para conocer la propia compañía.

También es fácil confundir sistemas complejos con sistemas complicados, pero esa distinción escapa a este artículo, así que la dejo pendiente para uno futuro.

Desenamorarse de la idea

Un plan, por muy detallado que se realice o por muy elaborado que sea, va a seguir siendo una idea hasta que se lleve a la práctica, hasta que entre en contacto con el enemigo. Si como gerentes nos enamoramos del plan, nos enamoramos de esta idea, corremos el riesgo de seguir caminos que van hacia el fracaso porque es más importante validar que el plan se ejecute a que nos estemos acercando a la meta. Finalmente, llegar a la meta sin sacrificar los principios es lo que importa.

Por otra parte, si entiendes que los planes no sirven probablemente causé el efecto esperado, pero también es importante incluir que el hecho de que saber planificar es crítico. Un plan es el resultado de un proceso de planificación, importa poco seguir el plan cuando la información cambia, dado que ahí realizamos una nueva planificación.

La flexibilidad que da la capacidad de adaptarse es lo que buscamos, que todos como organización tengamos la capacidad de reaccionar rápidamente cuando algo fuera del plan suceda.

Para muchos el simple hecho de leer que los planes no sirven genera la suficiente reflexión por lo que decidí continuar este tema más adelante.

Un par de guiños de lo que viene: Helmuth Carl Bernard von Moltke y que el micro manejo no es el camino.

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