«ES QUE NO NOS COMPRAN PIZARRAS»

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Y CÓMO EL PENSAMIENTO LATERAL NOS AYUDA A AFRONTAR LIMITACIONES

Esta entrada la escribí primero en LeanSight

— Cuando se reúnen a diseñar en equipo ¿Dónde lo hacen?  — le pregunté. Habíamos estado conversando de cómo los equipos podían diseñar soluciones de manera colaborativa.

— En la sala de reuniones

— ¿Cómo se llevan ese diseño?

— Tomamos fotos de la pizarra, la compartimos por whatsapp. Ahora queremos usar slack para mantener el orden.

— ¿Cómo evolucionan el diseño? — he visto que los equipos toman una foto y cualquier cambio en el diseño se pierde, no vuelven a actualizar.

— Cuando nos volvemos a juntar hacemos un dibujo de nuevo y proyectamos la imagen anterior

— Entiendo, otra pregunta ¿Cuando usan su inteligencia colectiva? ¿sólo en la sala de reunión?

— No — noto su voz dubitativa, algo descubrió, guardo silencio — en realidad… si, es así.

–¿Por qué no lo hacen en su sala? En la sala donde trabajan.

–Es que no nos compran pizarras…

Muchos equipos que he apoyado en sus procesos, incluso yo mismo, cuando trabajaba desarrollando e implementando productos digitales, tienden a responder con esa misma frase “Es que no nos compran pizarras”.

Cuando escuché eso, recordé una vez que en una empresa, me puse mi chaqueta de cuero, me peiné hacia atrás y cometí un acto de rebeldía, compré una pizarra. Después descubrí que era un problema porque no había donde dejarla. La oficina era arrendada y no se podía colgar sin dañar la muralla.

¿Cuál era la necesidad?

Poseer un algo que nos permitiera diseñar de manera colaborativa.

¿Cuales eran las restricciones que teníamos para satisfacer esa necesidad?

  • No podíamos perforar la muralla. Si la queríamos pegar con cinta adhesiva por ejemplo, la pizarra debía ser liviana.
  • Lo escrito y dibujado se pudiera ir borrando o corrigiendo.
  • Tuviese un bajo costo de construcción.

El acto de rebeldía agotó el presupuesto.

¿Qué otra cosa convertiría esto en una panacea?

  • Que fuese fácil de transportar.
  • Además, queríamos poder guardarla en un cajón, había miedo por las redadas de recursos humanos.

Exploración

Partí desde lo que conocía que cumplía con (2). Tomé mis plumones de pizarra y empecé a rayar todo lo que había a mi alrededor. Pensando en el impacto que podría causar en alguien que raye sus cosas, rayé en lugares que no se vean a simple vista.

Supongo que con esto muchos sabrán porque sus cosas amanecieron rayadas, pero espero que a estas alturas se les haya olvidado 🙂

Las cosas que se pudieron borrar bien fueron los vidrios y pantallas de computador, de esas antiguas. Algo que no se borró bien fue la cubierta de la mesa, el forro de un libro y las pantallas planas. Con los resultados obtenidos concluimos que habían materiales que funcionaban bien, pero al analizar nuestras restricciones, no las cumplían.

Bueno, nada de donde estaba me iba a servir. Me había divertido mucho rayando todo lo que estaba alrededor mío y me hizo recordar los tiempos de colegio. Cuando teníamos clases de ciencias naturales y el profesor, que era un revolucionario, pedía un proyector para transparencias. En él siempre alguien dibujaba el símbolo de batman y cuando sonaba el timbre del recreo, lo borraba para que no lo retaran.

Producto mínimo viable v1

Usando todo mi talento de artesanía construí un producto mínimo viable que me permitía poder dibujar y editar los diseños que construíamos.

Este producto cumple las tres restricciones e incluso el ideal. Luego de una semana de uso, nos dimos cuenta que colaborar era muy difícil debido a su tamaño y terminaba una sola persona usando el plumón.

Aprendizajes

Funcionó que se podía borrar, transportar, nada fue destruido y de bajo costo. La colaboración al momento de trabajar fue baja. Acá tuvimos un punto de partida sobre el cual iterar, gané la confianza del equipo, dejaron de mirarme como “el loco del plumón” y empezaron a ayudar a encontrar problemas e ideas.

Producto mínimo viable v2

Acá decidimos escalar el papel y mantener las micas. El resultado fue genial y nos sentimos maravillados por lo elegante que se veía a pesar de la incapacidad manual. La electricidad estática mantenía las micas en su posición, dibujamos, borramos y todo funcionó bien.

Al día siguiente, las micas estaban en el suelo. El aire acondicionado hizo que se cayeran, no habíamos considerado las variables ambientales.

En la retrospectiva surgió la idea de pegar la micas con masking tape. Intentamos con una y el resultado era tan malo que no lo consideramos ni cómo PMV.

Aprendizajes

Considerar un experimento como exitoso porque funcionó un corto periodo de tiempo es peligroso. Entre nos, este aprendizaje ha sido uno de los más útiles al momento de diseñar un experimento.

Producto mínimo viable v3

Sabíamos que las micas funcionaban, pero eran tamaño carta. Si las tratábamos de pegar con cinta al dibujar encima de la cinta esta no se borraba.

Un miembro del equipo recordó que cuando le regalaban flores estas venían en un plástico transparente al que no se le marcaban las arrugas. El papel celofán se vende en librerías en pliegos de de 80 cm por 100 cm, casi el tamaño de un pliego de papel bond blanco. ¿Coincidencia?

Con masking tape pegamos el papel blanco a la muralla. Después, el celofán al papel blanco, era más fácil mantenerlo tenso de esta manera. Esto fue producto de algunas iteraciones.

Aprendizajes

Esto resultó ser un producto mínimo y viable. Decidimos quedarnos con esta versión y la utilizamos bastante tiempo.

Conclusión

En el día a día nos enfrentamos a un sin número de impedimentos para desempeñarnos excepcionalmente en los diversos ámbitos de nuestras vidas. Resulta menos desgastante sentarse en una postura de pensar y decir “no puedo hacer nada porque no tengo lo que quiero” que pensar en cual es el problema, cual es el obstáculo, que me impide o me aleja de la excelencia.

Resulta simple escribirlo, quizás no tanto leerlo, pero si que es difícil hacerlo. En mi caso, lo más difícil es entender que muchos de esos impedimentos son excusas para no hacer las cosas, conocidas técnicamente como “chivas”. También he descubierto que muchas veces esos impedimentos son deseos de que las cosas ocurran de un único modo y que mientras no ocurran, no hago nada. Esto es muy similar a la fijación funcional y esta entrada ayuda a entenderla.

Siempre existirán limitaciones y restricciones en las organizaciones donde nos desenvolvemos, estas generarán frustraciones que nos dejarán con la sensación de “me faltan pizarras” que no nos permite avanzar, lo que intento transmitir es la necesidad de pensar de manera lateral e inventiva, dejando de lado los miedos y las limitaciones y comenzando a buscar soluciones a éstas, desde lo simple. Claramente no todos los problemas o restricciones pueden ser solucionadas de esta manera, pero sí podemos agregar valor a nuestro día a día y encontrar maneras alternativas al diseño de nuestros experimentos de solución.

¿Qué “pizarras no tienes”? ¿Qué impedimentos te alejan de tus metas?¿Cómo puedes resolverlo a muy bajo costo?.


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